
Censura no es sólo silencio, ni sólo silenciar. Construir una historia en la que una sola de las partes tiene voz, es censura. Relatar la misma historia una y otra vez también es censura. Es tal vez la peor de ellas porque, de tantas veces repetido, el relato termina por convertirse en un instinto, en un pensamiento automatizado. Allí donde se cuela el discurso hegemónico, allí hay una dura batalla, allí la verdadera lucha.
Para muchos veteranos, González Trejo solo a modo de “voz de voces”, la gesta de Malvinas no sólo tiene que ver con la recuperación de las islas. También, y fundamentalmente, con la recuperación de la memoria. Es una lucha contra la victimización de aquellos que pelearon por la soberanía.
Entenderlos como “pobrecitos”, es no entenderlos. Para ellos su lucha es contra ese discurso profundamente arraigado que dice que ellos eran “pobres chicos que se murieron más de hambre y frío que por las balas”. Quien los piensa así no capta la otra parte de la historia. Aquella que es callada en este discurso, aquella que sin embargo se desborda a cada oportunidad en el conocido “el que no salta es un ingles”.
La expresión de Trejo lo resume todo: “la malvinización viene de abajo, la desmalvinización viene de arriba”. La lucha por Malvinas no termino. La lucha sigue en pie para devolverles la dignidad que la victimización les robó.